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de Aldeatour: noticias, artículos, anuncios, eventos,
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Boletín
de Aldeatour 2
Un invierno de calor y color. Emma Dafouz
¿Quién no conoce los famosísimos carnavales
de Cádiz con sus atrevidas chirigotas y sus descaradas
comparsas? ¿O las cabalgatas de Tenerife, inundadas
de color y vistosas carrozas?
Cádiz y Tenerife
son dos conocidos ejemplos de las fiestas de Carnaval en España.
Sin embargo, existen otros muchos carnavales repartidos por
nuestra geografía que destacan por su originalidad,
su riqueza folclórica y la recuperación de tradiciones
ancestrales: los carnavales rurales.
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El carnaval rural tiene como denominador común la presencia
de elementos cotidianos procedentes del campo y la ganadería
cargados de una interesantísima simbología.
Los ruidosos cencerros, por ejemplo, que aparecen en numerosos
desfiles tienen como misión principal la de espantar
a los malos espíritus.
Las pieles de animales con las que se cubren los campesinos
y las máscaras que ocultan sus rostros adoptan la forma
de ovejas, carneros o toros recordándonos el carácter
pagano de las fiestas y la importancia de estos animales para
la subsistencia de los pueblos. Recordemos que el carnaval
tiene su origen en las fiestas paganas de los dioses Isis
y Apis en Egipto, en las bacanales griegas y romanas y las
fiestas celtas del muérdago. Renació durante
la Edad Media, al tiempo que se afirmaba la dureza cuaresmal
(época de ayuno y abstinencia) y se fijaban gran parte
de las tradiciones que han llegado hasta nuestros días.
Cada comarca, cada pueblo ha ido aportando a la fiesta sus
propios ingredientes, conformando carnavales llenos siempre
de personalidad pero a menudo muy dispares entre sí.Puesto
que el número de carnavales que merecen una visita
es muy alto, proponemos a continuación áquellos
que nos han resultado más sorprendentes y atractivos,
(aunque no sean necesariamente los más famosos) intentando
ofrecerle al viajero un recorrido por la diversidad de celebraciones
carnavalescas de nuestro país.
Si visitamos la provincia de León descubriremos un
carnaval multicolor con unos personajes singulares: los Guirrios
y los Maranfallos. Los Guirrios son los protagonistas indiscutibles
de las fiestas en el pueblo de Llamas de la Ribera con sus
abanicos de colores y sus sombreros confeccionados a partir
de miles de cintas de papel. Su misión es perseguir
a las mozas del lugar (las Madamas) e intentar atraparlas
con unas tenazas de madera. Pero, cuidado, si nos descuidamos
los Guirrios también pueden atreverse con nosotros
e intentar azotarnos con unas vejigas de cerdo que llevan
al hombro.
En Velilla de la Reina, a pocos kilómetros de Llamas,
el Guirrio además del característico gorro de
papel lleva dos varas para defenderse del toro, animal carnavalesco
por antonomasia, construido con cuernos y portado por los
mozos del pueblo. Las fiestas culminan con una gran hoguera
final precedida de la ?Cachiporrada?, en la que
los mozos golpean los portales y recitan frases tradicionales.
Terminamos nuestro recorrido por la provincia de León
en Burbia, donde los Maranfallos se convierten en las figuras
centrales de la fiesta.
Se trata de unos personajes vestidos con harapos que bautizan
al público con ceniza y persiguen, cómo no,
a las mujeres solteras del pueblo. Cambiando de comunidad
pasamos a Navarra para presenciar unos famosos carnavales
por lo espectacular de los atuendos y su autenticidad. Se
trata del carnaval de Alsasua, uno de los más ancestrales
de España, en donde los Momotxorros, vestidos con una
camisa blanca manchada de sangre de animal y portando una
cesta en la cabeza con pieles de oveja o cuernos de vaca,
atemorizan y provocan a los habitantes. En Alsasua el momento
álgido es el desfile del martes de carnaval en donde
desfilan los momotxorros junto con otros singulares personajes:
el akerra o macho cabrío y las sorgiñak o brujas.
El segundo carnaval destacado en tierras navarras es el de
Lanz con su multitudinaria mascarada. El personaje central
de estas fiestas es Miel Otxin, un gigante de tres metros
de alto confeccionado en paja y vestido con ropas de colores
y polainas de cuero. Esta figura representa a un temible bandido
de la zona y por tanto es ajusticiado y quemado en la fogata
nocturna en la que bailan los ziripot (personajes de paja)y
el zaldiko (representación del caballo). En lo que
a gastronomía se refiere, tanto los carnavales rurales
de León como los de Navarra comparten tres características
básicas: platos típicos cuya base principal
es el cerdo y sus derivados, comidas colectivas en las que
participa todo el pueblo, y cuestaciones previas para la recogida
de alimentos. Cambiamos de dirección y nos dirijimos
a Cogolludo, provincia de Guadalajara, en donde descubrimos
el carnaval más dulce.
En Cogolludo los chicos del pueblo recorren en grupo las calles
con pucheros repletos de cremoso y humeante chocolate y se
dedican a pringar con dulce a todo aquel que se cruce en su
camino. Dice la tradición que en tiempos pasados el
chocolate simbolizaba la tentación de la carne y por
este motivo las mujeres solían encerrarse en sus casas
durante las celebraciones. Hoy día todo el pueblo,
hombres y mujeres, así como sus numerosos visitantes
participan de la fiesta y degustan el dulce cacao sentados
en la plaza mayor del pueblo. Para terminar, querríamos
mencionar un carnaval muy diferente a los anteriores.
Se trata del carnaval marinero de Santoña en Cantabria.
En sus fiestas destaca el famoso entierro, no de la pequeña
y enjuta sardina, sino del opulento besugo. Los habitantes
del pueblo desfilan vestidos de las distintas especies de
peces que se hallan por la zona y sus murgas y comparsas reciben
nombres como ?Los pezqueñines? o ?Los
Titiritines?. No perdamos la ocasión de saborear
durante nuestra visita los deliciosos productos del mar que
ofrece esta villa (anchoas, calamares, mielgas, truchas, langostas
o carpas) y de entonar los versos del texto carnavalesco del
Juicio en el fondo del mar que comienza así: Según
anuncia una radio. En lo profundo del mar Se ha armado una
zarabanda Que ha dado mucho que hablar? Hasta aquí
nuestro recorrido iniciático por algunos de los carnavales
rurales de España.
Una fiesta que se ha ido recuperando paulatinamente en los
últimos años y gracias a la cual se han rescatado
muchas tradiciones, costumbres y recetas perdidas en el tiempo.
En definitiva, una excepcional oportunidad para reencontrarse
con este rico patrimonio cultural de nuestros pueblos y una
muy válida excusa para disfrutar del calor y el color
de la fiesta en medio del frío y gris invierno. Artículo
confeccionado para Aldeatour.com Turismo Rural a medida
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